sábado, 2 de septiembre de 2017

ME DA IGUAL QUIEN SEAS




Parece que no se pueda vivir si no nos posicionamos o identificamos con algún credo o ideología. Uno no puede ser como un lienzo en blanco porque entonces la gente entra en pánico y no saben qué hacer contigo.
Basta con que te asomes al mundo para que observes el ruido que se forma ante cualquier situación. Siempre se está comentando sobre algún tema escabroso (ya sea político, social, o un simple marujoneo de barrio) Y en cuanto captan tu presencia enseguida te acechan para que muestres tu opinión, pues en sus reglas del juego necesitan saber de qué lado estás.
No puedes mostrarte neutral o conciliador porque lo que requiere el mundo solo admite dos colores: O blanco, o negro. En este juego no existen los matices ya que carecen de substancia y resultan aburridos. Por eso la mayoría de la gente vive constantemente buscando  la confrontación.
Y es que a través del arrobamiento que puede suscitar una ideología, la emoción que la acompaña nos crea una imagen de identidad. Una identidad que puede quedar dañada si alguien la cuestiona o la pone en duda.
Pero ¿Es necesario que vivamos siempre defendiendo una imagen?
¿Importa tanto el lugar donde hemos nacido, el color de nuestra piel o nuestras tendencias ideológicas?
Porque debajo de todas estas capas que hemos sobrepuesto encima de nosotros, lo único que existe es un ser que goza, sufre, ama, teme, siente hambre, frío, calor, envejece y muere. Y eso nos iguala  porque poco importa cómo te llames, o si eres judío, o musulmán, o católico. Has nacido y vas a morir igual que todos.
Y es verdad que somos muchos cuerpos, pero la vida que observa a través de todas las miradas es la misma que palpita en todos los corazones.
Por eso mi único afán es captar esa vida que nos sustenta a todos por igual. Y a pesar de esos matices que nos hacen interpretar el mundo de formas distintas, siempre voy a tratar de buscar ese espacio en común donde podamos encontrarnos y dialogar.
Asi que me importa bien poco si tienes o no tienes pareja;  si eres hombre o mujer; tus tendencias sexuales; si eres ateo o sientes inclinación hacia una religión determinada, si tienes hijos, familia, o si eres un misántropo empedernido. Lo que me importa es tu presencia aquí y ahora, tu humanidad, lo que sientes, lo que te impulsa a levantarte cada mañana y permite que estés ahora aquí conmigo, en ese lugar donde podemos mirarnos a los ojos y reconocernos.
Porque soy de las que creen que se puede embellecer el paisaje del mundo a través de nuestros actos cotidianos, de gestos plagados de ternura, a través de miradas amables, de abrazos y caricias. Por eso prefiero abrir las manos para sostener en lugar de cerrarlas para empujar. Prefiero silenciar todas esas voces que  exigen que me amuralle detrás de las ideas y abrir mi corazón, porque de ese modo el amor hallará la forma de sanar las múltiples heridas. Prefiero ser el cambio que deseo ver en lugar de aferrarme a la crítica y al desprecio.
Por eso no voy a discutir o crear controversias. Mejor seguiré curioseando para descubrir quien se esconde detrás de todas estas ideas.






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